sábado, 9 de junio de 2012

EL APOCALIPSIS CIENTIFICO


Cuando leemos los periódicos y revista, y miramos los pronósticos científicos sobre el futuro del planeta tierra, sentimos que estamos entrando a la era apocalíptica que nos relata la biblia en Mateo capitulo 24. Tal parece que el pesimismo se ha adueñado de los científicos que estudian a fondo el cambio climático que esta sufriendo el planeta tierra.
            Hemos leído en este diario y en los informes de expertos en la materia que a partir del año 2020 nos enfrentaremos en Honduras a una terrible escases de agua. Además se estima que en este tiempo la escases de los derivados del petróleo alcanzara su situación más negativa al dejar de tenerse un recurso no renovable y en proceso de extinción. Por otro lado, el efecto invernadero y las continuas explosiones solares anuncian el aumento de la temperatura hasta de 8 grados en los próximos años, por lo que muchos desfallecerán del calor que se avecina, el cual vendrá acompañado de inundaciones y sequías. Además está la amenaza de que los polos helados de los glaciares se derretirán y sumergiran bajo las aguas a muchas ciudades situadas en los márgenes del mar, como Ámsterdam,y algunas que existen bajo el nivel del mar. Los pronósticos científicos al respecto son alarmantes.
            Es evidente que estamos en una etapa de descontrol climático el cual altera las estaciones del año, por lo que mientras en una parte del planeta hay una terrible sequía, en otra aparecen lluvias torrenciales que lo inundan todo. Actualmente vemos como la temperatura de muchas ciudades han sufrido un serio cambio. Por ejemplo, ciudades como Siguatepeque y Tegucigalpa, que gozaban de un clima frío en invierno, ahora están sufriendo el azote de un calor nunca visto, y su temperatura promedio esta sobre 3 y 4 grado de lo normal en el pasado.
En muchos países la escases de agua se hace notoria, y aunque puede haber agua suficiente en el subsuelo, la contaminación de la misma obliga a que se tenga que comprar en botella, por lo que en algunos países, como en España, es más cara una botella de agua, que un refrescos de soda. Estamos a la puerta de una crisis ecológica que posiblemente genere violencia y hambre a nivel mundial.
            Y que decir de la energía. Es inevitable que se busquen alternativas a la necesidad imperiosa de la electricidad, la cual mueve todo nuestro mundo. Y cada vez es más escasa debido a que  los recursos hídricos menguan y la producción de combustible se ven reducidas, además que destruyen el ecosistema con el Anhídrido carbónico. Se acude a buscar soluciones renovables, pero las mismas son costosas, como la solar y eólica, y en algunos países se esta pensando en regresar a la fuente de energía producida por las plantas nucleares.
            ¿Qué nos depara el futuro? Un clima alterado, más calor, más hambre, más escases, más violencia, y todo ello anunciado por los científicos que sin creer en Dios, ni en la Biblia, proclaman el cumplimiento de Lucas 21 que anuncia expectación y angustia en la gente, por las cosas que sobrevendrían a la humanidad. Es por ello que debemos prepararnos para afrontar la crisis que esta a las puertas, y como dice la Palabra, listos para afrontar el apocalipsis que se avecina sobre la humanidad.Depende de ti si quieres creerlo o no,  pero no puedes tapar el sol con un dedo, al igual no puedes negar la realidad del caos que esta reinando,busca de Dios ahora que puedes, el Señor te bendiga!!!.

viernes, 1 de junio de 2012

¿Cuál es la fe que salva?

La fe es un don de Dios (Efesios 2:8-9). No es algo que el ser humano puede generar por su propio esfuerzo.
La fe verdadera no es solamente un ejercicio mental. La fe que salva involucra un arrepentimiento de pecado personal (Hechos 11:18, 2 Pedro 3:9) y una confianza total en la obra de Cristo (su muerte y resurrección) para rescatarnos de las consecuencias del pecado y salvarnos. La fe y el arrepentimiento son dos lados de la misma moneda (2 Tim. 2:25, Hechos 20:21). No puedes tener el uno sin el otro.
El significado del arrepentimiento no puede excluir el concepto de reconocer la maldad del pecado y la necesidad de apartarse de esa maldad. El arrepentimiento verdadero resulta en un cambio de comportamiento (Lucas 3:8). Sentir pena y tristeza por el pecado personal no es en sí arrepentimiento, aunque es un elemento del arrepentimiento bíblico (2 Cor. 7:10). Arrepentimiento no sólo fue predicado a judíos, sino a los gentiles como una parte integral del evangelio (Hechos 26:20).
Cuando alguien confía en Cristo para la salvación, confía en Jesucristo como su Salvador y Señor (Mateo 7:21, Juan 3:36). No se puede decir a Jesús, "Sálvame, pero no quiero reconocer tu señorío. No quiero obedecerte. Quiero hacer las cosas a mi manera. No quiero someterme a ti, pero sí quiero que me salves." Pablo dijo al carcelero, "cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hechos 16:31). Aun si entendemos que Señor en este contexto se refiere a Jesús como YHVH, ¿no incluye eso el concepto de su soberanía absoluta?
Esto no significa que el creyente ya sea perfecto, o que no habrá lucha con el pecado en su vivir diario... pero sí quiere decir que la fe genuina produce una nueva criatura en Cristo (2 Cor. 5:17).

La fe es un don de Dios (Efesios 2:8-9) No es algo que el ser humano puede generar por su propio esfuerzo. La fe verdadera involucra tres cosas:
    -Saber quién es Jesús. (Juan 20:31)
    -Estar convencido que Jesús murió en la cruz, y que resucitó. (1 Cor. 15:1-4)
    -Confiar solamente en Cristo para la salvación. (Juan 3:16)
El arrepentimiento (metanoia) es un cambio de mente acerca de la persona y la obra de Cristo. Es dejar de rechazar a Cristo, y confiar en Él para la salvación. En el contexto de la salvación, no tiene nada que ver con el pecado. (Obviamente, Dios no puede arrepentirse de pecado - Jer. 26:13.)
Hay que tener cuidado de no confundir la justificación con la sanctificación. La salvación (Lucas 14:15-24) y el discipulado (Lucas 14:25-27) son dos cosas completamente distintas.
Alguien puede tener una fe que salva y no tener ningún cambio percibido en su comportamiento. Sólo necesita confiar en Cristo para salvarle... nada más y nada menos.El señorío de Cristo y la obediencia a Dios no tienen nada que ver con la fe que salva en el punto de inicio. Espero de todo corazon que después de poner su fe en Jesús, tome la decisión de someter su vida al señorío de Cristo (Rom. 12:1-2).

miércoles, 16 de mayo de 2012

"¿QUE DEBO HACER PARA SER SALVO?

La repuesta es simple: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tu..." (Hechos 16:3). Pero la problema es que los pecadores no quieren ser salvos. Por eso es que el Señor Jesucristo puede decir a cualquiera de nosotros: "Y no queréis venir a mí, para que tengaís vida" (Juan 5:40); y la "vida" aquí es la vida eterna, la vida de Dios, o se puede decir, la vida nueva que uno comienza en Cristo Jesús cuando tiene "arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo" (Hechos 20:21). No obstante, como dije al principio, el pecador no busca de ser salvo; y esto es probado cada día, porque estoy seguro que a multitudes se les testica de "la salvación por la fe en Cristo Jesús" (2 Timotéo 3:15), y no vemos a los pecadores tropezandoce sobre unos y otros para recibír a Cristo para ser salvos de sus pecados. La pregunta es: ¿Por qué? Porque el pecador está enamorado con su pecado; y aún se puede decir, que el pecado es us "primer amor". Note lo que el Señor Jesús dice: "La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras esran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean redargüidas" (Juan 3:19,20). Por eso es que el pecador sin ser salvo añade "pecado sobre pecador" (Isaías 30:1); porque "ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque" (Ecclesiastés 7:20). Sepa una cosa, mi querido amigo, según la Biblia, si tú estás sin el Señor Jesucristo in tu vida por no haberle recibido como tu Salvador, no importa que tán moral seas, ó religioso, todavía en los ojos de Dios es pecado porque no "habita Cristo por la fe en tu corazón" (Efesios 3:17). Ahora, ¿por qué necesitas ser salvo? Porque si tú estás sin el Señor Jesucristo en tu vida y mueres en esa condición, o estás en esa condición cuandas regrese otra vez, esté seguro de esto: Tú pagarás por tus pecados por toda la eternidad "en el lago de fuego" (Apocalípsis 20:15), que es el "tormento eterno" (Matéo 25:46). Todos aquellos que no conocen "a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo,...serán castigados de eterna perdición" (2 Tesalonicenses 1:8,9). ¡Esas son las consecuencias del pecado no perdonado! Esto es cierto de todo aquel que no ha recibido al Señor Jesucristo como el Salvador suyo. Pero "palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino a l mundo para salvar a los pecadores" (1 Timotéo 1:15), porque Él "vino a buscar y salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10); y tú estás perdido si no has creído en Cristo para tu salvación. No obstante, en este momento se te presenta al Señor Jesucristo para que veas que sólo en Él hay salvación. "Mirad a mí, y sed salvos..." (Isaías 45:22); o como dice en Juan 6:40 - "Todo aquel que ve al Hijo, y cree en él" tiene "vida eterna" y será resucitado "en el día postrero". ¡Qué promesa tán preciosa! ¡Aleluya!!! La primera razón porque tienes que creer en el Señor Jesucristo para ser salvo es que Él es el único quien murió por los pecadores: ¡No hay otro!; porque "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). En la Cruz del Calvario, Cristo Jesús fué dado en rescate y de substituto en lugar de pecadores; porque "Dios demostró su amor para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8) puede decir todo aquél que cree en Él. La segunda razón porque tienes que crceer en el Señor Jesucristo para ser salvo es que Él es el único que no sólo murió, pero también resucitó de entre los muertos; "porque si siendo enemigos, fuímos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida" (Romanos 5:10). En otras palabras, la garantía de que la Muerte de Cristo es eficáz para la salvación del pecador arrepentido que cree en Él, es porque ha resucitado de los muertos, "el cuál fué entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación" (4:25). Esto dice que Dios nos perdona nuestros pecados por la Muerte de Su Hijo, y nos declara justos por la fe en Él; y, ¡la Resurrección corporal Suya lo asegura! La tercera razón porque tienes que cree en el Señor Jesucrcisto para ser salvo es que Él es el único que no sólo murió y resucitó, pero también es el único quien intercede por todo aquel que viene a Dios para salvación; "por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Hebréos 7:25). Él es el único "mediador entre Dios y los hombres" (1 Timotéo 2:5); así que, para ser salvo, el pecador tiene que venir a Dios por medio de Su Hijo, como Cristo mismo lo dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). Quizas preguntarás de nuevo: ¿Qué debo de hacer para ser salvo? Te digo como el apóstol Pablo le dijo al carcelero en Hechos 16:31 - "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo...". Pero te pregunto, ¿En verdad quieres ser salvo? Si dices que sí, entonces pues, ven a Cristo por la fe, creyendo que Él murió por tí en la Cruz, derramando Su Sangre para el perdon de todos tus pecados. También mira la Tumba vacía de dónde Él resucitó de los muertos. Además, por le fe mira a Cristo hablando por tí al Padre con la garantía que te puede salvar con salvación eterna. La promesa es: "Y al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37). Amén

jueves, 10 de mayo de 2012

Pregunta: "¿Existe Dios? ¿Hay evidencia de la existencia de Dios?"

Respuesta: ¿Existe Dios? Encuentro interesante que se de tanta atención a este debate. Las últimas encuestas nos dicen que sobre el 90% de la gente en el mundo de hoy, cree en la existencia de Dios o en algún poder más alto. Sin embargo, de algún modo, la responsabilidad se coloca sobre aquellos quienes creen que Dios existe, para de alguna manera probar que El en realidad existe. Yo personalmente pienso que la responsabilidad está sobre los que no creen.

Sin embargo, la existencia de Dios no puede ser  desmentida. Aún la Biblia dice que deberíamos aceptar por fe, el hecho de que Dios existe, “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Si Dios lo deseara así, simplemente podría aparecer, y probar a todo el mundo que El existe. Pero si lo hiciera, no habría necesidad de fe. “Jesús le dijo: porque me has visto, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).

Sin embargo, eso no significa que no hay evidencia de la existencia de Dios. La Biblia declara, “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras” (Salmos 19:1-4). Al mirar las estrellas, al entender la inmensidad del universo, al observar las maravillas de la naturaleza, al ver la belleza de la puesta del sol – vemos que todas ellas apuntan hacia un Creador, Dios. Si esto no fuera suficiente, también hay evidencia de Dios en nuestros propios corazones. Eclesiastés 3:11 nos dice, “…y ha puesto eternidad en el corazón de los hombres…” Hay algo en lo profundo de nuestro ser, que reconoce que hay algo más allá de esta vida y alguien más allá de este mundo.

Intelectualmente podemos negar este conocimiento, pero la presencia de Dios en nosotros y a través de nosotros, todavía está ahí. A pesar de todo esto, la Biblia nos advierte que todavía hay algunos que niegan la existencia de Dios, “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1). Debido a que sobre el 98% de la gente a través de la historia, en todas las culturas, en todas las civilizaciones, en todos los continentes, creen en la existencia de algún tipo de Dios – debe haber algo (o alguien) que causa esta creencia.

Además de los argumentos bíblicos para la existencia de Dios, hay argumentos lógicos. Primero, tenemos el argumento ontológico. La forma más popular del argumento ontológico, usa básicamente el concepto de Dios para probar Su existencia. Este comienza con la definición de Dios como “Ese del cual no puede ser concebido uno más grande”. Entonces se sostiene que existir es mayor que no existir, y por tanto el mayor ser concebible debe existir. Si Dios no existió, entonces Dios no sería el mayor ser concebible – pero eso iría a contradecir la definición misma de Dios. El segundo es el argumento teológico. El argumento teológico dice que desde que el universo despliega tal maravilloso diseño, debe haber habido un diseñador Divino. Por ejemplo, aún si la tierra estuviera unos pocos cientos de millas más cerca o más lejos del sol, no sería capaz de mantener mucha de la vida que en la actualidad lo hace. Si los elementos en nuestra atmósfera fueran diferentes aún en un pequeño porcentaje, cada cosa viviente sobre la tierra moriría. Las probabilidades de una simple molécula de proteína formada por casualidad es 1 en 10 elevado a la potencia 243 (es decir, 10 seguido de 243 ceros). Una simple célula consta de millones de moléculas de proteína.

Un tercer argumento lógico para la existencia de Dios es el denominado argumento cosmológico. Cada efecto debe tener una causa. Este universo y todo lo que en el hay es un efecto. Debe haber algo que causó que todo existiera. A la larga, debe haber algo “sin-razón” a fin de provocar que todo lo demás exista. Esa “sin-razón” es Dios. Un cuarto argumento es conocido como el argumento moral. Cada cultura a través de la historia ha tenido alguna forma de ley. Todos tienen un sentido de lo correcto y lo erróneo. El asesinato, la mentira, el robo, y la inmoralidad son rechazados casi universalmente. ¿De dónde vino ese sentido de lo correcto y lo erróneo, sino de un Dios santo?

A pesar de todo esto, la Biblia nos dice que la gente va a rechazar el conocimiento claro e innegable de Dios, y en lugar de ello, creer una mentira. Romanos 1:25 declara, “Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.” La Biblia también proclama que la gente no tiene excusa para no creer en Dios, “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

La gente demanda no creer en Dios porque “no es científico” o “porque no hay pruebas”. La razón verdadera es que una vez que la gente admite que hay un Dios, también deben darse cuenta de que son responsables hacia Dios y que están necesitados de Su perdón (Romanos 3:23; 8:23). Si Dios existe, entonces somos responsables por nuestras acciones hacia El. Si Dios no existe, entonces podemos hacer lo que queramos sin tener que preocuparnos porque Dios nos juzgue. Creo que esa es la razón por la que muchos en esta sociedad, están tan fuertemente aferrados a la evolución – para dar a la gente una alternativa de creer en un Dios Creador. Dios existe y a la larga todo el mundo sabe que El existe. El hecho mismo de que algunos intenten tan agresivamente refutar Su existencia es de hecho un argumento para Su existencia.

Permítame dar un último argumento para la existencia de Dios. ¿Cómo sé que existe Dios? Yo sé que Dios existe porque hablo con El todos los días. No lo escucho hablándome con voz audible, pero siento Su presencia, siento Su guía, conozco Su amor, deseo Su gracia. Han ocurrido cosas en mi vida que no tienen otra explicación posible sino Dios. Dios me ha salvado tan milagrosamente y ha cambiado mi vida que no puedo sino reconocer y alabar Su existencia. Ninguno de estos argumentos en sí, pueden persuadir a alguien que rehúsa reconocer lo que es tan claro. Al final, la existencia de Dios debe ser aceptada por fe (Hebreos 11:6). La fe en Dios no es un salto ciego a la oscuridad, este es un paso seguro a una habitación bien iluminada en donde ya se encuentra el 90% de la gente.

sábado, 5 de mayo de 2012

"RECONCILIATE CON DIOS"

Aquí están los elementos claves por medio de los cuales nos llegamos a reconciliar con el Padre. Todos y cada uno de ellos tienen una importancia vital. Si uno solo de ellos estuviera ausente, podría impedir que nuestra relación fuera completa.
Nuestra condición: Lo primero que necesitamos comprender es que estamos separados de Dios. El abismo que nos separa de Él es ancho y profundo. Heredamos por nacimiento un defecto fatal. Como consecuencia, hemos vivido independientes de Él. La Biblia destaca esta realidad tan desoladora: “Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”. Si no podemos aceptar el hecho de que el pecado nos separa de Dios, nunca llegaremos espiritualmente a casa, porque no sentiremos la necesidad de un Salvador.
El remedio de Dios: En segundo lugar, necesitamos tener una comprensión muy clara de quién es Jesús, y qué ha hecho Él por nosotros, para poder poner en Él nuestra fe con toda confianza. Jesús fue quien cerró la brecha que nos separaba de Dios. En palabras del apóstol Juan: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Jesús no sólo era un buen hombre, un gran maestro o un inspirado profeta. Él vino a la tierra como el Cristo y el Hijo de Dios. Nació de una mujer virgen. Llevó una vida sin pecado. Murió. Fue sepultado. Resucitó al tercer día. Ascendió a los cielos, y allí se convirtió en Señor y Cristo.
La muerte y resurrección de Jesús a favor nuestro satisfizo las exigencias de Dios: una provisión completa para eliminar nuestro pecado. Este Jesús, y sólo Él, reúne las cualidades para ser el remedio de mi pecado y el suyo.
Nuestra respuesta: arrepentirnos y creer.
El arrepentimiento personal es vital en el proceso de transformación. La palabra “arrepentimiento” significa literalmente “un cambio en la manera de pensar”. Consiste en decirle al Padre: “Quiero acercarme a ti y apartarme de la vida que he llevado independientemente de ti. Te pido perdón por lo que he sido y lo que he hecho, y quiero cambiar de manera permanente. Recibo tu perdón por mis pecados”.
En este punto, son muchos los que experimentan una notable “purificación” de cosas que se habían ido acumulando toda una vida, todas ellas capaces de degradar el alma y el espíritu de una persona. Sintamos o no el perdón de Dios, si nos arrepentimos, podemos tener la seguridad total de que somos perdonados. Nuestra confianza se basa en lo que Dios nos ha prometido, y no en lo que nosotros sintamos.
Llegamos a una relación personal con el Señor cuando tomamos la mayor decisión de la vida: el punto decisivo del que hablamos antes. Esa decisión consiste en creer que Jesús es el Hijo de Dios, el que murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó de entre los muertos, y recibirlo por Salvador y Señor. Cuando creemos de esta forma, nos convertimos en hijos de Dios. Está prometido expresamente en el evangelio de Juan: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12).
¿Quisiera recibir a Jesucristo como Salvador? Si quiere hacerlo, puede hacer una oración como ésta:
“Jesús, te necesito. Me arrepiento de la vida que he llevado alejado de ti. Te doy gracias por morir por mí en la cruz para pagar por el castigo de mis pecados. Creo que tú eres el Hijo de Dios, y ahora te recibo como mi Salvador y Señor. Consagro mi vida a seguirte.”

jueves, 26 de abril de 2012

ASPECTOS MÉDICOS DE LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS

ASPECTOS MÉDICOS DE LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS


Introducción

A través de la historia se han hecho películas, dramas, y se han escrito numerosos libros que tratan con el tema de la crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando leemos los relatos hechos por los evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, Juan) vemos un recuento de lo acontecido a Cristo durante su arresto, interrogación, condenación y crucifixión, pero no se describe en detalles sus padecimientos. El propósito de los evangelios era dar a conocer lo acontecido sin dar muchos detalles del proceso. En aquel tiempo se conocía muy bien lo que era una crucifixión y los escritores de los evangelios sabían que sus lectores estarían familiarizados con los sufrimientos de un crucificado.

Lo maravilloso de la Palabra de Dios es que aunque el relato de los Evangelios no nos da muchos detalles, el profeta Isaías ya había profetizado cientos de años atrás que el Mesías sería llevado al matadero y sería desfigurado hasta el punto de ser irreconocible. No solamente Cristo sufrió en su cuerpo, sino que también llevo los pecados, las enfermedades, las rebeliones y los dolores de toda la humanidad. En una de sus últimas palabras en la cruz, Jesús dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). En ese momento era como si Dios el Padre volviera su rostro para no ver el pecado que fue depositado en su Hijo. Por primera vez en su vida, Cristo se sintió alejado del Padre y sin su estrecha comunión con él.

Es nuestro propósito en este estudio describir desde un punto de vista médico y teológico los padecimientos de nuestro Señor Jesús. Desde el momento de su oración en el huerto de Getsemaní veremos como los padecimientos de Cristo van incrementando hasta el punto de su muerte. Veremos como con cada golpe, con cada bofetada, con cada latigazo, Jesús cumplía la Palabra de Dios.

Es mi oración al Señor que al estudiar este tema podamos amar más intensamente a nuestro Jesús, que sufrió por nosotros y aprendamos a agradecer mas su precioso sacrificio en el Calvario.

1. Sudor de Sangre:

El primer tormento o expresión de intenso dolor en la pasión señalado por los evangelios es la agonía en el huerto de Getsemaní, horas antes de ser entregado a los enemigos. La lucha era aterradora y un ángel se presentó para confortarlo, “y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra…” (Lucas 22:43-44).

Es interesante notar que el único evangelista que relata este hecho fue un médico, Lucas.

Esta condición es conocida en la medicina como “hematohidrosis” (sudor de sangre). Este fenómeno es muy raro, pero perfectamente documentado y que ocurre en condiciones excepcionales. El Dr. LeBec escribe: “Es un agotamiento físico acompañado de un trastorno moral, consecuencia de una emoción profunda, de un miedo atroz” (Le supplice de la Croix, Paris, 1925).

Se describe como una dilatación y ruptura de los vasos capilares subcutáneos en su punto de contacto con la base de los millones de glándulas sudoríparas. La sangre se mezcla con el sudor y se coagula sobre la piel después de la exudación. Es esta mezcla de sudor y coágulos la que se va juntando hasta correr por encima de la piel de todo el cuerpo en cantidad suficiente como para caer al suelo.

Esta hemorragia microscópica tiene lugar en toda la piel, la cual queda, por esta causa lesionada, dolorida y muy sensible a los golpes.

Esta agonía de Jesús no se debía tanto a los padecimientos físicos que pasaría, sino a la realidad de que los pecados y enfermedades de la humanidad vendrían sobre él. En su oración del huerto le dijo al Padre: “si quieres, pasa de mi esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya…”

La copa Jesús bebió y no se resistió a la voluntad del Padre.

2. La bofetada:

Aquí se encontraba Jesús frente al sumo sacerdote y al contestar a una pregunta fue abofeteado por un alguacil (Juan 18:22). Algunos comentaristas dicen que aquí la palabra usada por Juan no significaba bofetada sino un bastonazo. El Dr. Judica Cordiglia dice: “es una lesión del cartílago de la nariz y la posible desviación de la misma debido a un golpe con un palo corto, cilíndrico y de 4 a 5 cm de diámetro.” Un golpe a la nariz que fue capaz de desviarla de su plano normal y de lesionar el cartílago. Aquí debió haber salido abundante sangre.

3. Malos Tratos:

Recordemos que Jesús fue arrestado de noche y llevado a una corte ilegal a ser condenado. Las leyes judaicas no permitían que ningún reo fuese condenado antes de la pascua y que un juicio fuese llevado a cabo de noche. También fueron traídos testigos falsos que el final no se pudieron usar porque sus historias no coincidían. Jesús fue llevado ante al sumo sacerdote y después de horas de debates e interrogación, da la declaración que hace enfurecer al sumo sacerdote: “…y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Que más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!” (Mateo 26:64-66).

Recordemos que la piel de Jesús ya estaba sensible al sudar sangre y ahora aquí dice Mateo 26, en el verso 67: “Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban” Aquí, aunque los evangelios no lo relatan, el profeta Isaías incluye que los pelos de su barba eras arrancados: “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.” (Isaías 50:6).

4. Flagelación:

Después de que Jesús se presento a Pilato, el cual dijo que no encontraba nada mal en el, Jesús fue azotado. La intención de Pilato era azotar a Jesús y luego soltarlo, pero la insistencia del pueblo con sus gritos “crucifícale! crucifícale! pudo más. Dice Mateo 27:26:
“Entonces les soltó a Barrabas; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.”

Mas de 120 golpes con el flagelo dados por dos fuertes verdugos, uno más alto que el otro, diestros en su oficio, los cuales, puesto uno a cada lado del reo le cubrieron metódicamente con sus golpes toda la superficie del cuerpo (tórax, abdomen, brazos y piernas, a excepción de la parte del pecho correspondiente al corazón), sin dejar espacios.

El azote con el que le flagelaron fue el horrible flagellum taxillatum, compuesto básicamente de un bastón con tiras de cuero. Cada punta de cada tira se encontraba llena de pedazos de hueso y de plomo. Al flagelar a Jesús en su ya sensible piel, cada latigazo arrancaba literalmente los pedazos de su piel exponiendo la carne viva y brotando abundante sangre. Así aparece Jesús: herido y sangrante conforme a lo que había predicho el profeta Isaías: “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer…” (Isaías 52:14) También Isaías 53:3 dice: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto…”

Después del azotamiento, Jesús se desplomaría y quedaría sentado sobre el charco de su propia sangre. Estaba casi completamente desnudo, y parece que en ese momento le alcanzaron sus vestidos para que se cubriera. “Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata.” (Mateo 27:27-28).

5. Coronación de espinas:

Pasado un cierto tiempo, y algo repuesto de los azotes, Jesús fue llevado por los soldados al atrio, en el interior del pretorio e hicieron con él lo que se llamaba en aquel tiempo como “el juego del rey”, que era un juego de azar practicado por niños y adultos. Este juego cruel practicado a Jesús coronándolo de espinas era un desahogo brutal de los soldados romanos.

Para ello, congregan a toda la cohorte (de 400 a 600 hombres), le desnudan de nuevo, le hacen sentar sobre cualquier banco de piedra, le echan a las espaldas una capa corta color grana y le encasquetan la corona de espinas con fuerza sobre la cabeza, le ponen una caña por cetro en la mano derecha y empieza la farsa. “Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. Después de haberle escarnecido, le desnudaron…” (Marcos 15:16-20; Mateo 27:27-30; Juan 19:1-3).

La palabra “corona” nos ha inducido a pensar en un cerco de espinas en torno a la cabeza, tal como lo presentan los crucifijos, pero la frase empleada aquí por Marcos al igual que Juan es: Plexantes stephanon ex acanthon…epethekan epi tes kefales autou: “Entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza.” (Juan 19:2).

Estas espinas de una planta local se entretejía alrededor de la cabeza horizontalmente de la frente a la nuca pasando por encima de las orejas.

6. Con la cruz a cuestas:

Después de que Pilato no detuvo la condena, se manda a que Jesús fuese atado y enviado a morir: “…le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.” (Mateo 27:31). Es significativo que no diga que le quitaron también la corona de espinas.

Era la costumbre que el reo cargara con su madero hasta el lugar de la crucifixión. Aquí a Jesús le mandan a cargar el palo transversal de la cruz que se cree que pesaba unas 110 libras. Fue forzado a cargar el madero sobre su ya desgarrada y sangrienta espalda por un tramo de distancia de unos 600 metros hacia el Calvario por un terreno pedregoso, con subidas y bajadas, pero no pudo llegar y Simón de Cirene le tuvo que ayudar.

7. Caídas:

Los evangelios no mencionan nada sobre caídas en el camino al Calvario, pero la tradición considera tres. Es posible que ambas rodillas estuvieran heridas por las violentas caídas sobre el terreno pedregoso.

8. La crucifixión:

Lo primero que hicieron los soldados fue despojarle violentamente de sus vestidos. La túnica interior estaba pegada a las llagas, debido a la sangre coagulada. Por lo tanto, el dolor tuvo que ser atroz. Cada hilo pegado a la superficie desnuda, al ser arrancado, arrastra consigo una de las innumerables terminaciones nerviosas puestas al descubierto con la llaga. Estos millares de choques dolorosos se suman y multiplican, aumentando cada uno en consecuencia la sensibilidad del sistema nervioso.

Aquí no se trata de una lesión local, sino de casi la totalidad de la superficie del cuerpo, especialmente del tan maltratado dorso. La sangre corre de nuevo y derribado al suelo las llagas de su dorso, muslos y pantorrillas se llenan de polvo y arena.

Los soldados atraviesan los clavos por las manos y los pies y es clavado a la cruz. Para los romanos la muñeca es considerada parte de la mano y se sabe que Jesús fue clavado por la muñeca para evitar que los clavos se salieran de sus manos con el peso de su cuerpo en la cruz.

Jesús no ha emitido ningún grito, pero su rostro se ha contraído horriblemente. Su pulgar, con un movimiento violento se ha doblado sobre la palma colocándose en oposición a los otros dedos, debido a que su nervio mediano ha sido herido. Un dolor fulgurante e indecible se ha apoderado de sus dedos, saltando como un dardo de fuego hasta su espalda y estallando en su cerebro. Es el dolor más insoportable que un ser humano puede experimentar al producirse la lesión en un tronco nervioso.

Después de ser clavado Jesús fue levantado cumpliendo su propia profecía: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.” (Juan 12:32-33).

Junto a dos malhechores fue crucificado para cumplir la escritura: …”y fue contado con los pecadores, habiendo el llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

9. Atroz agonía:

Muy pronto Jesús comenzó a tener dificultad al respirar. Esto era propio de los crucificados. El diafragma muscular que se mueve para que pueda respirar al contraer y relajar los pulmones, se queda en posición de inhalación y es casi imposible exhalar el aire tomado. La única manera es apoyándose en los clavos de los pies y en la muñecas para poder exhalar el aire y luego comenzar de nuevo.

Poco a poco le fueron faltando las fuerzas, al tiempo que los calambres aumentaban y las alternativas de elevación y descensos sucesivos hubieron de abreviarse y repetirse más a menudo, por lo cual los dolores se acrecentaban hasta lo indecible.

Así pasaron 3 interminables horas, “y a la hora novena (como las 3 de la tarde) Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34). 

Jesús quería manifestarnos algo muy importante: un sufrimiento misterioso que nosotros somos incapaces de imaginar. Sufrimientos mucho más terribles que todos los demás, físicos y morales, descritos hasta aquí. Jesús había salido fiador de los hombres, se había hecho responsable ante Dios de los crímenes y maldades de todo el mundo.

El cordero de Dios inmolado llevo nuestros pecados y por un breve instante, como que el Padre alejó su rostro de El…y fue abandonado. Isaías 53:4-5 dice: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

10. Muerte:

“Cuando Jesús hubo probado el vinagre, dijo: Consumado es…” (Juan 19:30).


Consumada estaba la obra que el Padre le había encomendado de redimir al mundo (Juan 17:4). Todas las profecías sobre El se habían cumplido. Había realizado su misión. Ahora podía morir.

Existen muchas teorías acerca de las causas de la muerte de Jesús, pero casi todas coinciden que fue una combinación de aflicciones. La realidad al fin de toda su agonía es que Cristo fue quien entrego el espíritu y solamente el decidió el momento y el segundo de su muerte.

Después de muchas horas de agonía, el cuerpo de nuestro Señor había perdido mucha sangre y la poca que le quedaba en su cuerpo se había espesado de manera que el corazón ya casi no la podía bombear. El suero se separa de los glóbulos rojos y una membrana alrededor del corazón llamada el pericardio estaba llena de líquido. En los momentos finales, algunos médicos creen que Jesús muere de una pericarditis, que es la ruptura del pericardio por inflamación. Es como si su corazón haya explotado…

Esta condición es confirmada cuando el soldado traspasa una lanza por su costado: “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Juan 19:34) Aquí se cumple lo dicho por el profeta: “…y miraran a mí, a quien traspasaron...” (Zacarías 12:10).

Era la costumbre de los romanos el quebrantarle las piernas a los reos crucificados si estaban vivos al final de su tortura en la cruz. Debido a que tenían que apoyarse en las piernas para respirar, al quebrantarles los huesos ya no podían respirar y morían asfixiados. En el caso de Jesús, vieron que ya estaba muerto y no tuvieron que quebrantarles los huesos. Esto fue un cumplimiento de la profecía que dice: “El guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado.” (Salmo 34:20).

Todo lo que paso el Señor durante todos sus sufrimientos lo hizo por amor…por amor a nosotros…Porque de tal manera amó Dios al mundo que envió a su Hijo…” (Juan 3:16) y Jesús no rehusó la copa y la bebió.

Aunque Jesús murió, la noticia más maravillosa de aquel tiempo fue que al tercer día resucitó. Su tumba está vacía. El venció la muerte para darte vida, venció el pecado para que pudieras acercarte a Dios. El llevó tu depresión, tristeza, tu dolor, tu angustia, tu desesperación y las clavó en la cruz para darte paz, esperanza y vida eterna.

Jesús está vivo y él te pide es que lo invites a venir a tu vida y corazón y el cambiará las circunstancias, borrará tus pecados, te dará esperanza para vivir, podrás realmente experimentar el verdadero amor y la paz que hasta ahora no has tenido. Una paz que sobrepasa todo entendimiento humano.

¿Quieres confiar en Jesús? ¿Quieres tratar una vez más? ¿Que debes hacer?

Solamente repite esta simple oración: Dios de los cielos, yo me arrepiento de todos mis pecados. Acepto a Jesucristo como mi Salvador y mi Señor... ven a mi corazón Señor Jesús y dame vida eterna...yo acepto el sacrificio que hiciste por mí en la cruz del Calvario…te entrego mi vida...y de ahora en adelante te seguiré...amén.

Si has hecho esta oración de corazón, te garantizamos que tu vida a partir de hoy no será la misma. Ahora debes conocer más a Jesús a través de su palabra, la Biblia. Debes buscar una iglesia donde congregarte y aprender más sobre los caminos de Dios.

lunes, 23 de abril de 2012

"PRUEBAS DE LA RESURRECCION DE JESUS"

EL PODER SOBRENATURAL DE LA RESURRECCIÓN DE JESÚS La resurrección de Jesús es medular para la fe cristiana. Si El no hubiera resucitado de entre los muertos, entonces la fe cristiana no tendría validez, siendo que Jesús mismo declaró que resucitaría de entre los muertos al tercer día. Por otro lado, si Jesús resucitó de entre los muertos, entonces todas sus afirmaciones son verdad y ahora podemos estar seguros que sí hay vida después de la muerte. Jesús mismo predijo su muerte y resurrección, y estos eventos sucedieron exactamente como él los había anunciado Juan 2:19-21 dice: "Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho." Juan 10:17 dice: "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar." Juan 16:16-23 dice: "Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará." Mateo 12:40 dice: "Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches." Mateo 16:21 dice: "Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día." Lucas 18:31-33 dice: "Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará." Jesús venció a la muerte levantándose de entre los muertos al tercer día, y se apareció a sus discípulos. Este evento está bien documentado por numerosos recursos históricos y confiables Historiadores como Josefo (c.37-110 d.C.), Ignacio (c.50-115 d.C.), Justino Mártir (c.100-165 d.C.) y Tertuliano (c.160-220 d.C.) estuvieron convencidos de la autenticidad de la resurrección. Sus escritos validan los relatos de los escritores bíblicos, quienes conforme a los teólogos bíblicos, registraron el evento tan temprano como el año 37 d.C. y no más tarde del año 64 d.C. Además, otros historiadores del primer y segundo siglo incluyendo a Cornelio Tácito, Suetonio, Plinio Segundo, y Luciano de Samosata reconocieron el impacto que este evento increíble tuvo sobre la gente de esa época. La resurrección es la única explicación aceptable del sepulcro vacío Los soldados romanos celosamente vigilaban la tumba donde el cuerpo de Jesús se encontraba. Además, la entrada al sepulcro estaba sellada con una enorme roca. La guardia romana, que normalmente se componía de 16 miembros, hubiesen hecho imposible para los discípulos -quienes, a propósito, estaban acobardados por el miedo a perder sus propias vidas- robar el cuerpo. Si, como algunos aseguran, Jesús no estaba muerto, sino solamente debilitado, los soldados y la roca hubiesen evitado su escape. Después de haber sido golpeado y flagelado, colgado en una cruz por seis horas, traspasado con una lanza por su verdugos para asegurar su muerte, y envuelto, como la costumbre, en 100 libras de lino y especias, Jesús no hubiese estado en condición alguna para rodar una roca de dos toneladas cuesta arriba, ni ser más ágil que 16 soldados romanos y después aparecerse radiantemente a sus discípulos. Los líderes judíos de la época fácilmente pudieron haber refutado todas las aseveraciones sobre la resurrección simplemente al reponer el cuerpo, pero no pudieron porque no había cuerpo. Hubieron numerosos testigos de la resurrección Después de que él resucitó de entre los muertos, Jesús apareció por lo menos diez veces a los que le conocían y a más de 500 personas a la misma vez. Estas apariciones no fueron alucinaciones; Jesús comió y habló con sus seguidores y ellos le tocaron su cuerpo resucitado. Lucas 24:36-39 dice: "Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo." Juan 20:26-29 dice: "Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron."
La tumba donde fue sepultado Jesús está vacía. 1 Corintios 15:3-8 dice: "Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí." La resurrección es la única explicación razonable para el comienzo del Cristianismo La Iglesia Cristiana nació en la misma ciudad donde Jesús fue públicamente ejecutado y sepultado. La creencia en un Jesús resucitado tuvo que haber sido auténtica para haberse enraizado en Jerusalén y crecido hasta abarcar el mundo entero. La Iglesia Cristiana es ahora la institución más grande que existe y ha existido en la historia de la humanidad. Claramente, esto hubiese sido imposible si la resurrección fuese solamente un cuento. La resurrección es la única explicación lógica para la transformación de los discípulos Ellos abandonaron y negaron a Jesús antes de su juicio público; después de su muerte ellos estaban desalentados y temerosos. Aún, después de su resurrección y su experiecia en Pentecostés, estos mismos desalentados hombres y mujeres fueron transformados por el sobrenatural poder de Cristo resucitado. En su nombre, ellos pusieron de cabeza al mundo. Muchos perdieron la vida por su fe, otros fueron terriblemente perseguidos. Su valiente comportamiento no tiene sentido aparte de su convicción de que Jesucristo fue verdaderamente resucitado de entre los muertos, un hecho digno por el cual morir. A través de los siglos, los grandes teólogos que han considerado las pruebas de la resurrección han creído, y todavía creen, que Jesús está vivo Después de haber sopesado la evidencia de la resurrección dada por los escritores de los Evangelios, Simon Greenleaf, una eminencia sobre asuntos legales de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, concluyó: "Sería imposible que ellos hubieran persistido en afirmar las verdades que han narrado, de no ser por el hecho de que Jesús sí resucitó de entre los muertos." El señor Greenleaf, fué un profesor judío que se convirtió en un seguidor de Jesús, el Mesías, después de estudiar los hechos por sí mismo. Después de haber sopesado esta evidencia, ¿cual es su conclusión? ¿Usted cree que Jesús está vivo? Todo aquel que cree que El en verdad ha resucitado, puede recibir el regalo de la vida eterna y experimentar una relación personal con él. Descubra como usted puede comenzar esta relación duradera.